Antes de cambiar nada, analizo qué valora realmente tu cliente actual: qué momentos le hacen sentir parte del club y en qué situaciones empieza a desconectarse. Sin este mapa, cualquier acción de fidelización es pura intuición.
Definimos cómo debería ser la experiencia desde el primer contacto: bienvenida, alta, primeras semanas y consolidación. Cada fase tiene objetivos claros y acciones concretas para que el socio sienta que siempre hay alguien pendiente de él.
Traduzco el plan en gestos concretos: qué hace recepción, qué hace el técnico de sala, qué hace el responsable cuando detectamos riesgo de baja. Son acciones simples, repetibles, que encajan en la agenda real de tu equipo.
Trabajo con tu equipo habilidades muy concretas: cómo detectar desmotivación, cómo hacer una intervención breve y útil, cómo acompañar al socio para que se haga cargo de su propio proyecto de ejercicio sin sentirse juzgado.
Revisamos cartelería, redes, emails y mensajes internos para que todo diga lo mismo: qué prometes, qué ofreces y cómo acompañas de verdad al socio en su cambio de hábitos.
Instalamos indicadores sencillos (no 20 dashboards imposibles) para medir bajas, reactivaciones y participación. Con esos datos, revisamos el plan y ajustamos hasta que la fidelización sea parte natural de tu manera de trabajar.